Los sueños de aquel niño que se bautizó con patines en la histórica pista del colegio Sant Josep, jamás idealizaron un tránsito tan idílico en Riazor, porque Jordi Bargalló Poch (Sant Sadurní, 1979) ya es leyenda del Liceo. Lo es por meritocracia, no por actuaciones superficiales sin contenido. Su hockey, influyente en muchas zonas de la pista, capaz de asumir roles infinitos, le ha encumbrado en uno de esos clubs fetiche que desprenden admiración por sus tardes épicas, tanto en la gloria como en el fracaso. Bargalló, en su rostro, resume todas las cicatrices que puede transmitir el Liceo.12 cursos, reunidos en dos etapas (2002-06 y 2008-2016), coronan el trayecto de este poderoso representante del hockey total. La nómina de premios adorna de lujo el ciclo. Tres Copas de Europa, una OK Liga, dos Supercopas europeas, dos Intercontinentales, una CERS y una Copa del Rey se exhiben sin polvo en ese mueble privilegiado que mantiene en la habitación de casa, porque para Jordi el Liceo no se convierte en un paso intrascendente. Es su obra maestra. En él ha conquistado prestigio y un status superior en el mercado.

La evolución de este chico, de anatomía imponente, encumbra su propuesta. Asomó como un delantero abrazado al físico para desplegarse como un todoterreno diferencial, de carisma y personalidad valiente para asumir responsabilidades cuando el resto de la humanidad empequeñece. Decisivo en muchos registros del juego, sobre todo ha sentido le plenitud en ese oficio del ataque sin descanso que ha desplegado su equipo. Seguramente ningún entrenador le ha influido más en su carrera que Carlos Gil. El argentino puede colgarse más de una medalla en esa evolución especial de ese discípulo que ha visto nacer, crecer y romper como figura mundial. En Jordi se ha sustentado gran parte de ese juego preciosista que ha exhibido el Liceo en la última década. Nadie ha jugado mejor que la escuadra del profesor Gil.

Jordi se despidió del templo cercano a las olas de la playa de Riazor hace unas semanas, inundado de emoción y del afecto de los hinchas. No existe nada más especial que reconozcan tu labor a miles de kilómetros de tu hogar de cuna, aunque A Coruña ya es refugio dorado cuando haya que conformarse con sentarse en el sofá, contemplar premios y relamerse con el pasado. Antes queda un último desafío en el emergente Oliveirense portugués, con el que ha firmado ese último contrato preferencial de su carrera. Mientras, en A Coruña permanecen los recuerdos nostálgicos de aquel niño que se hizo mito.

Fuente: Marc Libiano Pijoan

Por martin

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