«Siempre he jugado de delantero. Oportunista y peleón y se hace falta entro yo en la portería», dice Gonzalo Álvarez Nogareda, gerente de la Bombonera

No debe ser fácil elegir entre la clase de Daniel Martinazzo o el oportunismo de Gabriel Batistuta. Gonzalo Álvarez Nogareda (Carballo, 1977) tiene dos amores. Bueno, tres si se cuenta a su hijo de casi once meses, Iago. El hockey y el fútbol, pasiones que comparte con su trabajo en La Bombonera, el negocio que abrió hace casi 12 años en la esquina de Luis Calvo Sanz con Vicente Risco. A sus 40 primaveras, Gonzalo sigue haciendo deporte, aunque claro, a un ritmo más suave, por aquello de las lesiones, que son incompatibles con el trabajo.

Su relación con el hockey le viene de muy pequeño y tiene una culpable, su progenitora, Lola Nogareda: «Empecé con cinco años y mi madre me metió en el hockey porque seguro que había otra madre amiga suya que llevaba a su hijo a jugar al Lubiáns» Estuvo en el Escola Lubiáns desde los 5 años hasta los 16, pasando de prebenjamines a júnior.

Del stick pasó al balón. «A los 16 años empecé en el fútbol por mi padre, Higinio. Entré en el Buño porque mi padre y mis abuelos son de allí. Siempre digo que empecé a jugar al hockey por mi madre y al fútbol, por mi padre». En el club oleiro estuvo dos temporadas hasta que el Laracha lo reclutó a filas. Fue llegar y besar el santo. Ascenso a Tercera. En el municipal pasó dos temporadas antes de recalar en el Bergantiños. Y de nuevo, un ascenso: de Primera Autonómica a Preferente. En la entidad rojilla permaneció otras dos campañas, pero regresó al Laracha antes de recalar de nuevo en el Bergantiños y colgar las botas en el San Lorenzo. Tenía 29 años.

Pero su amor por el hockey nunca murió del todo y surgió de nuevo la chispa: «Se celebraba la cena del 25 aniversario de la fundación del Lubiáns y hablamos de crear un equipo de veteranos. No llegó a constituirse la liga y decidimos inscribirnos en la liga gallega sénior».

Moral

Con más moral que el Alcoyano, Gonzalo y los suyos aguantaron estoicamente derrota tras derrota, y alguna que otra goleada inmerecida, contra chavales a los que a veces doblaban en edad. «Recuerdo un partido contra el Compañía de María. Cuando íbamos a sacar de centro miro y veo a chavales de 16 y 17 años. Y le digo a un compañero: ‘Todos esos podrían ser nuestros hijos’». Pero un buen día, y después de cuatro temporadas sin vencer fuera de casa, se les ocurre ganar 4-5 al Dominicos. Lo celebraron como si de una final de Champions se tratara.

Fuente: La Voz de Galicia

Por martin

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